A LA MADERA, PUNTAL

A LA MADERA, PUNTAL
CSO La Llamborda
Enero de 2017

El texto que escribimos a continuación surge de la necesidad de tomar una posición política en torno a la okupación e intento de desalojo del Centro Social la Llamborda, situado en el barrio del Guinardó, Barcelona. La Llamborda se ocupó en junio del 2012, y a través de un proceso de desahucio se intentó desalojar en junio del 2015. Este desalojo se impidió gracias a la resistencia y la solidaridad activa de las personas habitantes de la vivienda, las integrantes de la asamblea del centro social, vecinas del barrio y compañerxs. Este próximo febrero tendrá lugar el juicio a cuatro compañeras por resistencia durante esa jornada.

Con el paso del tiempo y después de varios debates y jornadas de reflexión; vemos que el proceso de resistencia de la Llamborda surge de la necesidad de defender los espacios okupados. Vemos que se está creando una tendencia en diferentes ciudades cercanas en la que se comienzan a ver o a normalizar ciertas prácticas respecto a la okupación, como por ejemplo, tomar vías de legalización de los espacios, pactos con la propiedad, incluso con los ayuntamientos, o hasta aceptar dinero a cambio de abandonar la casa pacíficamente. En algunas ciudades europeas donde el movimiento de okupación fue muy fuerte, como por ejemplo en Berlín, Londres o Amsterdam, esta tendencia acabó siendo normalizada; los mecanismos del poder para la integración de lxs más legalistas y la represión contra lxs que se negaban a entrar en su juego, convertieron la okupación en algo casi imposible. Viendo esta realidad y los posibles precedentes que se están empezando a dar aquí, creemos que es necesario una reflexión, un debate y un posicionamiento en cuanto a la okupación y la defensa de los espacios. Barcelona sigue siendo una de las ciudades con muchos lugares okupados, pero no será siempre así sin una acción y una defensa colectiva. Todo esto nos hace replantear qué papel juegan los espacios okupados dentro de las luchas, así como ver la urgencia de crear herramientas colectivas contra esta tendencia a la desaparición de casas y centros okupados.

Para nosotrxs la okupación es un proceso de desobediencia a las leyes del mercado capitalista, a la propiedad privada y una apuesta por la liberación y colectivización de espacios. La okupación de por sí no representa un acto subversivo si no le damos nuestro contenido político como anarquistas, ya que lo vemos desde una mirada transversal, junto con la lucha contra la autoridad, el patriarcado, el fascismo, el racismo, el especismo, el propio Estado, o cualquier forma de poder.

Consideramos la okupación como una ruptura hacia un individualismo a merced del capital, de lógicas consumistas y alienantes hacia las cuales tiende la sociedad, una forma de atacar la propiedad privada a la vez que se crean espacios liberados donde crear complicidades para encarar las luchas. Es una manera de oponerse a las lógicas económicas del Estado capitalista, de dar contenidos políticos, realizar actividades y compartir conocimientos en espacios que iban a ser destinados a la especulación en el mercado inmobiliario y/o empresarial.

Siendo realistas, el desalojo es una parte más de la okupación y consideramos que el trabajo colectivo es importante para encararlo, reafirmándonos en la imposibilidad de ver la okupación y el desalojo como separados. Intentamos aprovechar el conflicto que el sistema capitalista genera para visibilizar nuestras ideas y enfrentarnos a sus aparatos policiales.

De la misma forma que la okupación y el desalojo van de la mano, creemos que la okupación y la resistencia también tendrían que estar unidas. Las luchas necesitan una parte ofensiva y otra defensiva; una sin la otra queda coja. Pero más allá de, quizás, una cuestión estratégica, también es cuestión de no ceder tan fácilmente ante los enemigos. Está claro que muchas veces por mucho que se resista al final se llevan a cabo los desalojos, pero al margen de una defensa de un espacio en concreto, es una defensa de unas ideas que van más allá de cuatro paredes. El momento de la resistencia en sí tiene ya un valor, aunque nos acaben robando el espacio. De hecho, creemos que la resistencia forma parte de la identidad política del espacio y que es necesario un posicionamiento claro desde el primer momento de la okupación. Esto permite ver la afinidad real desde el inicio, preparar la resistencia con tiempo para que todo el trabajo no se condense en unas pocas semanas y no se sobrepasen los límites de cada unx; para evitar así conflictos mayores en estos momentos de tensión, que es algo que se reproduce en muchos espacios.

Pero un momento de resistencia abre un amplio abanico de posibilidades. Estamos acostumbradxs a escuchar que todas las vías son legítimas para defender un sitio okupado pero algunas prácticas pueden volverse en contra de nosotrxs. Hay muchas formas de resistencia, en base a diferentes ideas, prácticas o necesidades, pero el uso de herramientas del poder como vías institucionales, negociaciones o los medios de comunicación para nosotras es una contradicción; van en contra de la autogestión y la autonomía de las luchas. Creemos que la autogestión supone el no reconocer ninguna figura de mediación y el contar únicamente con las relaciones que hemos generado a partir de nuestras ideas, prácticas y afinidades políticas, trabajadas en el tiempo o fruto de la espontaneidad de momentos subversivos. Ponerse en una posición de pasividad, buscar un diálogo con la misma institución que pretendíamos atacar, rebajar la conflictividad y generar un discurso victimista rompen con dinámicas como el apoyo mutuo, el empoderamiento colectivo, el enfrentamiento al poder, y el percibirse como sujetos activos y autónomos.

Por otro lado, estos momentos de conflictividad permiten romper con los roles pacificadores que se nos imponen a las trans, bolleras y mujeres en la sociedad, a quienes se nos ha negado lo conflictivo, la autonomía, la agresividad. Por lo tanto, una resistencia transfeminista es una forma de atacar el patriarcado.

Resistencia de la Llamborda

En junio del 2012 se okupó el CSOA La Llamborda. El espacio era un edificio de obra nueva propiedad de una inmobiliaria en quiebra, Inmobiliaria Amilcar S.A.. La okupacion surgió de la necesidad de tener un espacio físico en el barrio para poder realizar actividades sociales y políticas y aprovechar para dar vivienda a compañeras que decidieron okupar. Se dividió el espacio en dos, los bajos serian la parte de centro social, y el primer y segundo piso seria espacio de vivienda.

Con el paso del tiempo, esta misma división que habíamos hecho pasó a ser también una división de la titularidad del inmueble. Debido a las deudas de la inmobiliaria, el edificio fue expropiado por un banco, y tenía dos procesos de ejecución hipotecaria diferentes, por un lado los bajos (el CSO) y por otro los pisos (vivienda). El banco puso en subasta la parte de vivienda, y esta fue absorbida por la SAREB, que acto seguido inició un proceso legal para desahuciar a las okupantes. Y ese proceso legal llegó al primer intento de desalojo con fecha cerrada. Mientras tanto el espacio estaba activo. Aparte de albergar a compañeras en vivienda, en el centro social se hacían actividades como teatro, danza, jornadas anticarcelarias, biblioteca social, taller de autoreparación de bicicletas, local de ensayos, comedores veganos, cineforums, asambleas internas y de colectivos externos, etc.

Llegamos al primer intento de desalojo el 10 de marzo 2015, en el cual se presentó una comitiva judicial para desahuciar el primer y segundo piso. Se les negó la entrada con una concentración en la calle en defensa del espacio y una resistencia dentro del edificio. La comitiva fue expulsada, y amenazaron con volver más adelante con un equipo de intervención policial.

Durante unos meses, se fueron alternando fechas abiertas de dos semanas, hasta tener la última, la segunda quincena de junio. El 17 de junio vinieron a desalojar. Había gente resistiendo tanto en vivienda como en el CSO. Gracias a las 6 horas de resistencia y la situación específica del edificio, pese al gran dispositivo policial y las fuerzas que se emplearon para entrar por todos los lados a la casa, se consiguió parar el intento de desalojo del CSO, aunque desalojaron la vivienda y tapiaron su acceso. Las compañeras encausadas por resistencia tendrán el juicio el próximo 3 de febrero. Se irán comunicando próximas convocatorias.

Hoy en día la Llamborda sigue siendo CSO y vivienda.
Y tenemos claro que esto fue posible gracias a la resistencia.

Sabemos que volverán, y volveremos a resistir.

Solidaridad con lxs compañerxs que siguen luchando por sus espacios.

MUERTE AL PATRIARCADO Y VIVA LA ANARQUÍA.

 

Encontrado en Indymedia: http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/510572/index.php

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